Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros y su llamada es precisamente para eso, para que vayamos realizando en nuestras vidas todo lo que permita que podamos alcanzarlo. Pero el sueño de Dios, todo lo que tiene que ver con Él, no puede quedarse en uno mismo; toda llamada de Dios es a entregarnos más, a darnos más, a amar más, a servir más… si no es así, no es llamada de Dios. Dios nos llama hacia otros, siempre en salida, creando comunión y fraternidad. Y no nos cabe duda de que… ¡Dios sigue llamando! Y esta llamada de Dios puede afrontarse desde la pregunta que ha lanzado el Papa Francisco en Christus vivit, 286 y en la que la Iglesia de España focaliza el Congreso convocado para febrero de 2025 con el título Asamblea de llamados: